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Review Lollapalooza Chile 2019 en el Parque O’higgins de Santiago

LOLLACL 2019 VIERNES 29 MARZO 2019 PH CENITAL LOTUS WEB

Texto por Ana Oneda / Fotos por Miguel Inostroza Godoy / 29, 30 y 31 de marzo 2019. Foto drone por Cenital gentileza Lotus Producciones.

Día Uno: músicos expertos para un público nostálgico

Ir al Lollapalooza siempre termina siendo una pelea mental. Desde los precios cada vez más caros, hasta el line-up que va siendo año a año más cuestionable, hay que saber rescatar lo bueno de la experiencia en cada edición.

Yo ya había estado en dos ediciones brasileras, pero en Chile fue la primera vez. Me pareció interesante ver lo que permanece intacto y lo que cambia entre uno y otro. Más allá de la parrilla musical diferente, la energía del público hace del Lollapalooza chileno un poco más para “ver y escuchar”, ya que pocos se dejan llevar por el baile y las varias experiencias que ofrece el festival.

Sobre su evolución, el Lollapalooza se define cada vez más como un “puzzle”, en donde cada uno arma la lista de bandas que quiere ver a su gusto. Nosotros como WalkingStgo le hicimos honor al nombre y caminamos kilómetros para acompañar lo que parecía personalmente más interesante entre lo que era ofrecido en los ocho escenarios armados en el Parque O’Higgins.

Como brasilera, viví un festival de muchas novedades y algunas nostalgias. En el primer día, las descubiertas fueron las secas de Frank’s White Canvas, que me impresioné al saber que son chilenas, y los franceses The Inspector Cluzo.

En las nostalgias, Lenny Kravitz despertó mi alma de niña cuándo empezó con su famosa “Fly Away”. El bajo y la pinta de la seca Gail Ann Dorsey, que tiene en su curriculum a David Bowie, fue un gran plus del show que, aún con problemas técnicos, no se vio afectado más allá del retraso.

Snow Patrol fue otra banda que sacó recuerdos del baúl. Su público entonó los clásicos llorones como si fuesen de ayer, y las canciones nuevas fueron un respiro más alegre al tono del grupo. También los Greta Van Fleet trajeron un aire antiguo, ya que muchos vieron referencias a Led Zeppelin en su música. Fue un show entretenido que dejó sonando su nombre en las cabezas de quién no los conocía.

La Francisca Valenzuela mostró su experiencia en festivales con una presentación impecable. Los Tres también trajeron éxitos del pasado para una audiencia un poco más vieja. Ya Vicentico, que tiene larga carrera solo, fue adorado por los fans pero causó cierta desconexión con quien estaba ahí esperando escuchar más clásicos de Los Fabulosos Cadillacs.

En el Lotus Stage, Caetano Veloso con sus tres hijos hizo un show poco usual para el formato del Lollapalooza. Aún así, fue enternecedor y rico en sonido, lo que no podía dejar de ser. En el mismo escenario subieron los Tokyo Ska Paradise Orchestra, que dieron mucho de qué hablar durante los tres días de festival, ya que sorprendieron a muchos y quedaron entre los preferidos de la jornada. El día terminó con Kendrick Lamar, con su rap premiado en un show sin intervalos que mantuvo prendido al público hasta el último minuto.

Día Dos: buenos videos para subir a Instagram

El segundo día del festival empezó con el rap buena onda de Zaturno feat. Sole. Era temprano y ya se notaba que ese día sería frecuentado por un público más adolescente, por lo que muchos espectadores no tenían en la cabeza las letras del ex-Tiro de Gracia. Por otro lado, los Ases Falsos volvieron al Lollapalooza y atrajeron a muchos chilenos al Acer Stage, que cantaron las letras con emoción. Fue la primera vez que los vi en vivo y corroboré que sus canciones pegotes dan fe de su popularidad.

Después de un rato de descanso, me agarró al paso el saxofonista de jazz Kamasi Washington. Con una banda formada por amigos de infancia – según contó el músico y compositor-, la mezcla de dos baterías, un contrabajo potente, piano, sintetizador y solos de saxofón atraparon a muchos espectadores que paseaban sin destino por el parque.

Otro grupo potente fue The Fever 333, que yo tampoco conocía. Desde el primer riff empezaron a volar micrófonos y agitarse pelos. El baterista Aric Improta se pegó unos cuatro saltos, el vocalista Jason Butler salió corriendo, seguido del guitarrista Stephen Harrison, para escalar la carpa de sonido y soltar un discurso que decía básicamente “we need to take the power back and share it with wich other”. Luego, dispararon otra canción punk en homenaje a las mujeres que “deberían sentirse seguras aquí y en cualquier lugar”. En algunos coros me acordé de Linkin Park, pero por lo general la banda tiene su perso, al menos performativa.

La última novedad del día fue Nova Materia, que es un nuevo proyecto de los ex-líderes del grupo chileno Pánico. La onda electrónica experimental, en dónde se tocan incluso piedras y diferentes tubos de metal, hizo bailar y transportó las mentes más voladoras.

Mi banda más esperada en esta edición era Interpol, con su influencia post-punk que escucho desde los 15 años. La deuda de verlos en vivo por fin fue pagada, aunque me dejaron con gusto a poco. Tocaron clásicos de sus seis discos y singles que fueron lanzados recientemente, como una foto lista para el público adolescente que sólo estaba ahí esperando por la próxima banda. Cómo ya lo imaginaba, los chicos de Interpol no hicieron caso de mostrar ningún virtuosismo en escena, con Paul Banks incluso saltándose algunas de sus letras. La presentación terminó con un punto final, cinco minutos antes de la hora programada. Muchos quedaron con las ganas de un concierto solo de los neoyorquinos en Santiago.

Y por fin subieron al escenario lo que los quinceañeros que circulaban por ahí estaban esperando desde temprano: los Twenty One Pilots. Entre la masa de gente, un adolescente sostenía un cartel que decía “Gusmornin”, recordando a Felipe Avello. Eso bastó para que muchos otros niños alrededor mío empezaran a gritar, hablar y cantar cosas sin sentido, cómo gente borracha. Su curadera, me imagino, era de ansiedad por el comienzo del show, que empezó con un auto incendiado y el dúo de Tyler Joseph y Josh Dun rompiendo el hielo y ofreciendo lo que su público quería: ruido, dinamismo y estímulos frecuentes. A cada rato, Tyler preguntaba: “are you still alive out there?”, a lo que le respondía una multitud de voces sobreexcitadas. La banda, que tuvo un ascenso rápido en su trayectoria, superó las expectativas con su performance y entregó un espectáculo digno para los stories de Instagram.

Día Tres: polémica y bailoteo

En el día más ecléctico del Lollapalooza, abrieron la jornada los porteños Adelaida, que me sorprendieron con un sonido preciso y buenos temas, demostrando experiencia en grandes escenarios a pesar de ser una banda joven.

Luego fue la vez de los viejos Fiskales Ad-Hok, que llegaron al Lollapalooza polemizando con las gráficas de personajes de derecha mutilados mientras tocaban “Mi cadáver”. Además, Alvaro España no nos dejó olvidar que “mientras celebramos aquí, están matando a los mapuches en el sur”, para luego tocar la única canción que yo realmente conocía de ellos: Eugenia. La banda punk chilena entonó sus clásicos e hizo vacilar a lo bien al público que los sigue de hace años. Ahora, está en todos los periódicos gracias a su protesta que indignó a los políticos en el poder, a punto de formalizar una inútil denuncia contra el grupo y los creadores de tal gráfica. Ya se conocen los siguientes pasos de esa añeja censura. Link Concierto YouTube.

En el mismo escenario, Gepe fue contrastante con su traje reluciente y bailarinas coloridas. Se presentó en una versión popular, cumbiera y bailable. Con su conocido espectáculo dejó extasiado al público familiar que cantó con él de inicio a fin. De repente me sentí en una fonda. No lo terminé de ver, ya que de curiosa fui a conocer a los Kekoyoma, que con sus letras llenas de sátira y la constante incitación a que el público vacilara me hizo acordar algo de la banda brasilera Mamonas Assassinas. Cerrando los grupos nacionales que vi está La Floripondio, que a pesar de haber empezado con sus canciones más punks, luego se dejó llevar por las composiciones más folclóricas que me hicieron perder el enganche a la mitad del show.

Uno de los que tenía planeado por anticipación ver era Foals, que suenan muy bien en vivo y siguieron la vibe bailable que ya habían propuesto otros grupos durante el día. Eso continuó con The 1975, en dónde las canciones pegotes, el carisma del vocalista y las bailarinas entretuvieron al público todo el tiempo.

Esperaba también ver a la bacán St. Vincent, que se desafió a subir sola al escenario de Acer Stage. Prendió la atención al tiro con su onda sexy fatal y sus distorsiones de guitarra, pero algo de “egocentrismo” en su propuesta, – ya que incluso las gráficas eran ella siempre – esta vez me puso incómoda y decidí abandonarla casi al final de su (buenísima) presentación.

Por último y cerrando todo el festival, los inevitables Arctic Monkeys. A mí me encanta su discografía y vacilé todos los temas más rockeros y clásicos, que les sobran para jugar en un setlist lleno de hits. La batería es una marca registrada del grupo, para mí. Ya el hecho de que Alex Turner cante las nuevas baladas del grupo en un Hotel Casino imaginario, no me enganchó mucho. Sentirme obligada a tragarlo me dejó ansiosa por saber qué venía después. Por suerte no siguieron mucho por la misma senda y cerraron con “Arabella” y “R U Mine?”, permitiendo olvidar el aburrimiento. Pueden decirme prejuiciosa, pero me quedo con lo antiguo.

En fin, terminé con un buen saldo de música nueva, deudas pagadas. Me pareció raro tener espacios huecos por falta de interés en algunas bandas, considerando la cantidad de escenarios dispuestos. Quedo con la impresión de que un festival en dónde se mezcle el trap con rock e indie pop solo tiene un objetivo: cada vez más el Lollapalooza se transforma en un Edén que quiere agradar a todos. A fin de cuentas, “wake up, you need to make money”.

¡Nos vemos el 2020!

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Sábado 30 de marzo 2019

Domingo 31 de marzo 2019

Publicado el 01.04.2019
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