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La noche catártica de Erykah Badu en el Movistar Arena de Santiago, 18.11.2019

Erykah Badu Movistar Arena 18.11.2019 @WalkingStgo 16 scaled

Texto por Matías Apablaza / Fotos por Miguel Inostroza Godoy – 18.11.2019

Otro día de movilizaciones a pesar del sol de primavera. Si bien la clase política se reunió a redactar un acuerdo que aspira a una nueva constitución, las manifestaciones en las calles no se dejaron estar. Más democracia y participación no significa encerrarse en cuatro paredes, todo lo contrario. Un mes exacto de movilizaciones, de represión desmesurada y el ambiente del Movistar Arena, un día lunes, era intenso. Erykah Badu se presentaba por primera vez en Santiago de Chile, quien detenta la corona del Neo Soul, quien tomó la posta de Billie Holiday.

El concierto demoró. La cantante de Dallas llegó tarde al Movistar debido al tráfico. Ese rato sirvió para que la cancha del recinto se llenara, a pesar de los asientos vacíos en plateas y tribunas. Casi a las diez de la noche, Badu apareció vestida con un abrigo, adornos alrededor de su rostro y un sombrero de gran tamaño. Condujo a la banda hacia “Hello”, la versión del tema de Daniel Johnston que es parte del mixtape But You Caint Use My Phone, recopilación de canciones con influencias del R&B, del jazz, hiphop y que abordan temáticas que giran en torno a las comunicaciones, como la relación con los celulares, las llamadas perdidas, los contestadores automáticos.

Los primeros temas fueron la introducción para una noche de baile y misticismo. La artista logra conectar con el público empáticamente, sobre todo por su voz intensa. Tras “I Want You”, del álbum Worldwide Underground (2003), las cerca de 5000 personas nos levantamos, extendimos los brazos y gozamos el clamor de los movimientos suaves, los sonidos esféricos que mixeaban tanto los teclados como los synths.

Lo que hace Erykah con su banda es interesantísimo a la hora de una puesta en escena. Pareciera que todo allí mismo se arreglara, se confundiera, a la manera de un work in progress arraigado en la libertad total que permite la improvisación del soul y el jazz, con el toque pop que ha caracterizado estos veinte años de carrera de la cantante y que en “Window Seat” y “Peniatentiary Philosophy” lograron su esplendor máximo.

La visualidad aportaba con hipnotismo, una propuesta que imantaba la percepción hacia el escenario. A pesar de las luces oscuras que dificultaban la vista completa de la banda, incluso de la tonalidad barroca de la indumentaria de Badu, las proyecciones aportaron con contenido y conexión con la realidad chilena. Las imágenes de África completaron las vivencias de las memorias del subdesarrollo y el precariado, aunque nos hayan tratado de convencer de lo opuesto.

Ya a la mitad del concierto, Erykah Badu se lució con “Appletree”, canción que nos hizo regresar a la claridad, simplicidad y cadencia de Baduizm, su primer disco. Hacia la última parte, se dio la libertad –más holgada en su vestimenta– de bailar, de ir un lado a otro del escenario y, más adelante, de hablar de la importancia de la lucha, temática que colindaba con la letra de “Didn’t Cha Know”:

Time to save the world
Where in the world is all the time
So many things I still don’t know
So many times I’ve changed my mind
Guess I was born to make mistakes
But I ain’t scared to take the weight
So when I stumble off the path
I know my heart will guide me back

En medio de mucho afecto, banderas mapuche y banderas negras, Erykah bajó al público, pasó la barricada y continuó con “Bag Lady”, para luego terminar con el místico y potente “Tyrone”. Así cerró una jornada impecable, intensa, de lo mejor de los debuts de este año y que fue un bálsamo para estos días que a veces se tornan negros ante tanto dolor y muertes.

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Publicado el 19.11.2019
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