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Congreso, 50 años – concierto conmemorativo en el Teatro Caupolicán

Congreso 50 años Teatro Caupolicán 24.08.2018 @godoyphotoshoot WalkingStgo 49

Texto por Ana Oneda / Fotos por Miguel Inostroza Godoy – sábado 24 de agosto del 2019.

Exactos 50 años pasaron desde el primer concierto formal de Congreso en su tierra originaria, Quilpué. Medio siglo de historia llena de cambios y desafíos, siempre bien guiados por el líder fundador del grupo, Sergio “Tilo” González, acompañado de Francisco “Pancho” Sazo, icónico vocalista desde el inicio de la banda. Se suman los vientos de Hugo Pirovich y Jaime Atenas, la percusión de Raúl Aliaga, los bajos de Federico Faure y el enérgico piano y teclados de Sebastián Almarza para presentar un concierto histórico en el Teatro Caupolicán, en Santiago, este pasado sábado 24 de agosto.

Entrando al lugar, se siente buena expectativa. El público es una mezcla de generaciones, hippies de los 70 y sus hijos millennials. Me instalo en el primer asiento que pude pillar, al lado de la escalera. Desde la galería se observa el teatro llenándose rápidamente. Después de 20 minutos me veo encerrada por todos los lados. El público se sentó en los peldaños, bloqueando las salidas, y donde más hubiera espacio para buscar el mejor ángulo del escenario. Ahí se quedaron durante las casi 4 horas de concierto.

Va pasando el tiempo y los ánimos crecen. Un grupo de amigos de promedio 60 años aplaude y grita el clásico “eee-e-e-e” para alentar el comienzo del show, sin mucho apañe. La gente está tranquila, paciente y atenta. Congreso es un grupo para escuchar y el efecto es el mismo para todas las edades. Fueron poquísimos los celulares alzados en los temas más conocidos. Yo, con el mío en manos haciendo apuntes todo el tiempo, me sentí rara. Otro contraste de edades: ya en el primer tema “Canción por encargo”, huelo marihuana. Una señora a mi lado luego ubica a un “desubicado” y le pide que apague el pito. Él lo hace con algo de decepción.

Pocos son también los gritos de la platea. Sigue el concierto con un bloque del disco “Para los arqueólogos del futuro” (1989). Una mujer parada cerca mío afirmó en alta voz: “yo vine a bailar”. Y eso hace, danza como una bailarina, sacudiendo su pelo y haciendo movimientos con las manos. Mientras avanza el concierto, se pone más intensa, gritando cosas vez u otra, callada luego en seguida por la gente alrededor. Cualquier bulla extra a la música es acompañada por “sshh…”, como en el cine. Esa impresión puede haber sido resaltada por el lugar en donde estaba yo. En la galería del Teatro Caupolicán, no se escucha a la perfección el sonido del escenario. Hay que poner oreja.

Aún así, es notable, valorable y disfrutable la impecabilidad de los músicos de Congreso. Repasaron toda su discografía, acompañados de todos los músicos que formaron parte del proyecto a lo largo de su existencia, además de otros invitados especiales. En Congreso de los 80 subió a cantar Joe Vasconcellos, acompañado de Ernesto Holman y Ricardo Vivanco para tocar “Hijo del diluvio”, “Viaje por la cresta del mundo” e “Hijo del sol luminoso”, que sonó sin guitarra por algún problema técnico que tuvo Federico Faure.

Siguió el homenaje a la primera formación del grupo, de 1969, cuándo subieron Patricio y Fernando, -los hermanos de Tilo González-, y Fernando Hurtado a tocar “Maestranza de noche”, “Tus ojitos” y “Cielito”. Hubo también una cita al fallecido músico Jaime Vivanco con el tema “Cero problema”, el cuál interpretaba en piano.

Citando otras participaciones, Simón, el hijo de Tilo, se sumó en guitarra para tocar “El Rey Midas”, Magdalena Matthey cantó “Pasillo de amor”, e Isabel Parra interpretó “Canción de Verónica”. Al final de la maravillosa “Pájaros de Arcilla”, surgió la banda Conmoción con tuba, plato, bombo y todo, como una buena sorpresa. Finalmente, la presencia del bajista Jorge Campos fue un gran hito, con quién tocaron “Heroína de Nueva York” y “Viaje por una ilusión”.

A lo largo del concierto, Congreso hizo citas a Pedro Lemebel con el tema “A las yeguas del apocalipsis” delante de una platea alumbrada en rojo sangre, y a Nicanor Parra, recordando el disco «Pichanga, profecías a falta de ecuaciones» (1992).

Congreso es casi una orquesta de rock progresivo con tintes de folklor, donde cada instrumento tiene lugar y función, todo precisamente ejecutado. Una pequeña excepción fue cuando Pancho Sazo agarró una guitarra eléctrica en el tema “Hay una mirada” y se creyó rockstar setentero, tocándola con rasgueos psicodélicos. Al final, se subió un grupo de percusionistas africanos para celebrar “En todas las esquinas”, coreada por un público ya cansado, pero feliz. El último tema, después de tres horas y cuarenta y cinco minutos de concierto, fue “Con el corazón”.

No necesito describir aquí de qué se trata Congreso. Ellos mismos se denominan “la nueva música latinoamericana”. Tan nueva ya no es, pero irrepetible seguramente sí.

@WalkingStgo

Publicado el 26.08.2019
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